«Yo sólo quería asustarlos, y disparé por miedo a la vida de mi mujer»
El hostelero de Santillana que mató a un ladrón de un disparo de escopeta afirma en el juicio que «cerré los ojos y no vi más»
01.06.12 - 00:04 -
MARIÑA ÁLVAREZ | SANTANDER.
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En plena noche se oyen ruidos como de un monedero desparramado. La mujer de Ángel padece de las piernas y ante un ataque no podría salir corriendo. Ambos duermen en las habitaciones privadas del mesón El Pradón, donde también tienen instalada su vivienda. Ángel se asoma y ve tres siluetas robando la recaudación de las tragaperras. No puede llamar a la Policía, en esa parte no hay cobertura. Vuelve a su cuarto, coge una de sus escopetas de caza, traspasa el recinto privado del local y grita: «¡Alto! ¡Alto o disparo!». Y, entonces, uno avanza hacia él. Cierra los ojos y dispara.
Ángel González Oria es el hostelero de Santillana del Mar que está acusado de homicidio por matar a un ladrón de un tiro y herir a otro. El juicio se inició ayer. Tras terminar su interrogatorio la juez permitió al acusado añadir lo que considerara oportuno, y dijo: «Yo sólo quería asustarlos, y tiré más por miedo a la vida de mi mujer que a la mía».
Ángel recuerda a pies juntillas todo lo que pasó el día anterior a la trágica madrugada. Se jugaban tres partidos de fútbol importantes -el Racing, el Real Madrid y el Barça-, así que su mesón estaba a tope. Entre la numerosa clientela dice que se fijó en dos hombres: «Uno grande y rapado, otro moreno y agitanado». Él siguió atendiendo, pero afirma que varios conocidos fueron a expresarle su inquietud por la presencia de esos tipos «extranjeros, que no miraban el fútbol, sino a las cámaras de videovigilancia». Y Ángel se quedó con la mosca, más cuando al cierre quedaban dentro del mesón unas parejas del pueblo y esos individuos, que ya eran tres, todos rumanos, «dos rubios y uno moreno». Fueron los últimos en salir, antes de que echara el cierre con su rutina de seguridad, adquirida tras un historial de seis atracos: «Dejando la llave por dentro, poniendo un pasador que para abrirlo hay que usar las dos manos y bloqueando la puerta con un paragüero pesado».
Y se fue a la cama. A las 3.30, cuando escuchó el ruido de monedas cayendo, dice que visualizó a los tipos de aquella tarde: «A ver si va a tener razón la gente y estos me la van a liar hoy», cuenta que pensó. Cuando se asomó, a pesar de la oscuridad, dice que pudo reconocerlos por su corpulencia. No se atrevió a gritarles para que se fueran, como hizo en otro atraco en el mes de agosto, «estuvieron en el bar todo el día, sé que venían a por la recaudación del negocio, no sólo a las tragaperras». Sabían que había hecho una buena caja, «2.800 euros», desveló. Y claro, él guarda el dinero en las dependencias privadas. Y allí estaba su mujer. «Yo no tenía miedo por el dinero, sino por la salud de mi mujer y por mí, si supiera que sólo iban a robar no hubiera pasado nada».
Guarda tres escopetas en un ropero, y dice que cogió «la más inofensiva», y la cargó con un cartucho, ignorando, aseguró, que dentro había otro. La empuñó y avanzó por el pasillo hacia el bar. «Uno estaba al lado de la barra, mirando para mí. Los otros, en las tragaperras». Cuando les gritó «¡alto o disparo!», avanzaron unos pasos hacia él, «casi se me ha escapado el tiro. Cerré los ojos, porque no vi nada más». Asegura que disparó apuntando al suelo, «en ningún momento quería darles», dijo. El ruido despertó a su mujer, «¿Nos han robado? Me preguntó. No te preocupes, he pegado un tiro y se han ido, no hay sangre ni nada».
Y es cierto, al momento huyeron, pero uno de los atracadores, Gioni S. S., de 33 años, que se encontraba agachado recogiendo las monedas de la máquina tragaperras, recibió un impacto que le alcanzó el corazón y murió a pocos metros del local cuando intentaba huir. Otro de los hombres recibió perdigones en la espalda y antebrazo derecho y el tercero resultó ileso. «Posiblemente, si no hubiera disparado, el que no estaría aquí sería yo», reflexionó.
Los argumentos
Miedo insuperable, legítima defensa y arrepentimiento. Son las bazas principales con las que cuenta su abogado para pedir su libre absolución.
Para el Ministerio Fiscal, los hechos son constitutivos de dos delitos de lesiones en concurso con un delito de homicidio imprudente. Aprecia como atenuante el arrepentimiento espontáneo, pues llamó a la Policía y al 112 en cuanto los ladrones huyeron, y la legítima defensa como eximente incompleta. Así que su petición de pena es casi absolutoria, pues se queda en año y medio de cárcel, aparte de una indemnización de 60.000 euros para la familia del ladrón fallecido, que dejó tres hijos menores de edad.
La Acusación, que ejerce la viuda, considera, sin embargo, que Ángel cometió dos delitos de homicidio doloso -uno consumado y otro intentado- «pues cuando dispara, al menos asume que podía causar muerte» y, por ello, pide que sea condenado a trece años de cárcel y 107.000 euros de indemnización.
Apoyo
Cuando ocurrió el suceso, en vísperas del puente de la Constitución de 2009, recibió numerosas muestras de solidaridad por parte de sus vecinos y compañeros de gremio. Ayer, en el primer día del juicio con jurado en la Audiencia Provincial, acudió la plana mayor de la Asociación de Hostelería de Cantabria. Casualmente, el juicio contra Ángel, que se extenderá hasta el próximo viernes, coincide con la tercera edición de unas charlas dirigidas a hosteleros que la Guardia Civil y la Policía Nacional imparten desde entonces para prevenir robos.