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Muchos se ha hablado sobre el control de armas en el siglo XX y XXI, son abundantes las referencias a diferentes países y eventos relacionados. Loa anti-armas suelen vender las políticas liberticidas de control de armas como una evolución de los tiempos, en donde una sociedad armada es una sociedad “arcaica”. Sin embargo esto no es más que otra MENTIRA y MANIPULACIÓN.

 

La lucha desigual entre ciudadanos honrados y gobiernos más o menos tiránicos es tan antigua como las propias armas y la aparición de las primeras formas de gobierno.

 

Para la elaboración de este pequeño artículo, nos hemos servido del Libro “ULTIMA RATIO REGIS” (cuya lectura recomendamos) del español Fernando Quesada Sanz, del cual hemos extraído varios párrafos.

 

 

CONCEPTO HOMBRE LIBRE = HOMBRE ARMADO

Las sociedades antiguas tenían profundamente arraigada la concepción de que conservar armas en la vivienda, a portarlas y a utilizarlas cuando su propietario lo considere oportuno, además de cuando la necesidad colectiva lo requiera, es el elemento que define al hombre libre frente al siervo. Al mismo tiempo, ya por aquel entonces, se consideraba que el empleo del arma y la violencia no podía ser arbitrario, y que el uso indebido de la misma debía ser castigado. Concepto que podemos apreciar en el lema grabado en muchas espadas del siglo XV: “No me saques si razón. No me envaines sin honor.

 

Hoy en día los estadounidenses a través de su famosa segunda enmienda, perpetúan el concepto de hombre libre = hombre armado. Por el contrario en Europa, la inacción de gran parte de la sociedad y la práctica de políticas liberticidas por parte de gobiernos y ONGs anti-armas, han propiciado que nuestras sociedades estén al borde del desarme y por tanto indefensos ante criminales de toda condición.

 

 

PRIMEROS REGISTROS DOCUMENTADOS SOBRE CONTROL DE ARMAS

La primera referencia histórica sobre el control de armas lo tenemos en el siglo VI A.C. cuando en el primer asentamiento griego en Italia, Cumas, Aristodemo, guerrero griego de ascendencia noble, se puso al frente del partido “Democrático” y sirviéndose de un triunfo militar frente a los etruscos, acabo con el gobierno de la aristocracia e instauró una feroz tiranía. ¿Adivináis cuál fue su primera medida tras alcanzar el poder?

 

Reproducimos un fragmento del Historiador griego Dionisio de Halicarnaso, Antigüedades Romanas, VII, 7-8: El fragmento no tiene desperdicio y muestra como la historia se repite una y otra vez:

 

“…Tras pronunciar estas palabras y colmar a todo el pueblo de esperanzas maravillosas, tomó las peores medidas políticas que existen entre los hombres y que son el preludio de toda tiranía: la redistribución de la tierra y la abolición de las deudas. Prometió ocuparse él mismo de ambas cuestiones, si se le designaba general con plenos poderes hasta que los asuntos públicos estuviesen seguros y se estableciera una forma democrática de gobierno. Como la multitud plebeya y sin principios acogió con alegría el saqueo de los bienes ajenos, Aristodemo, dándose a sí mismo un poder absoluto, impuso otra medida con la que los engañó y privó a todos de la libertad ... Como también consintieron en esto, ese mismo día se apoderó de las armas de todos los cumanos y, durante los días siguientes, registró las casas, en las que mató a muchos buenos ciudadanos con la excusa de que no habían consagrado todas las armas a los dioses, tras lo cual reforzó la tiranía con tres cuerpos de guardia. Uno estaba formado por los ciudadanos más viles y malvados, con cuya ayuda había derrocado al gobierno aristocrático; otro, por los esclavos más impíos, a los que él mismo había dado la libertad por haber matado a sus señores, y el tercero, un cuerpo mercenario, por los bárbaros más salvajes. Estos últimos eran no menos de dos mil y superaban con mucho a los demás en las acciones bélicas. Aristodemo suprimió de todo lugar sagrado y profano las estatuas de los hombres que condenó a muerte y, en su lugar, hizo llevar a esos mismos lugares y erigir en ellos su propia estatua. Confiscó sus casas, tierras y demás bienes, reservándose el oro, la plata y cualquier otra posesión digna de un tirano, y después cedió todo lo demás a los hombres que le habían ayudado a adquirir el poder; pero los más abundantes y espléndidos regalos los dio a los asesinos de sus señores. Éstos, además, también le pidieron vivir con las mujeres e hijas de sus amos".

 

Tras 14 años en el poder, los descendientes de aquellos que había hecho matar se rebelaron y le derrocaron, suponemos que con armas “no controladas” y ayuda externa, siendo ejecutado en el 592 A.C.

 

Otro tirano griego cuya primera medida fue desarmar a la ciudadanía fue Pisístrato de Atenas, Gran orador, enérgico, astuto y ambicioso, aduló al partido popular y llegó a ser su jefe. Después de algunos años de luchas a mano armada se apoderó definitivamente del mando y se convir¬tió en el más famoso de los tiranos de Grecia. Aristóteles así lo cuenta en su obra “Constitución de Atenas”:

 

Al pueblo le quitó las armas del siguiente modo: después de hacer una revista en el Teseon, empezó a hablar al pueblo y habló un poco de tiempo, y como dijeran que no oían, les mandó que subieran hacia la entrada de la Acrópolis, para que su voz llegase mejor. Y mientras él gastaba el tiempo con un discurso, los que él había designado para ello, recogieron las armas, las encerraron en las casas vecinas del Teseon e hicieron señas a Pisístrato después que fueron hacia él. El cual, cuando terminó el resto de su discurso, dijo también lo que había pasado con las armas, y que no tenían por qué admirarse ni desanimarse sino que se marcharan y atendieran sus cosas, que de las comunes él se ocuparía de todas.

 

Para finalizar este apartado, citaremos a otro tirano de aquella época, Polícrates de Samos. Accedió al poder mediante un violento golpe de estado ayudado por sus dos hermanos Pantagnosto y Silosonte, también contaron con el apoyo de ciudadanos que pudieron armarse y de esa forma capturaron la ciudadela de Samos. Posteriormente Polícrates se deshizo cruelmente de sus hermanos (a uno lo mandó matar y a otro lo expulsó a Persia). El relato de los hechos por un historiador de la época:

 

Cuando los samios se disponían a celebrar en el templo de Hera un sacrificio público, en el que marchaban en procesión con sus armas, hizo reunir cuantas armas pudo con el pretexto de la fiesta y ordenó a sus hermanos Silosonte y Pantagnosto, que le acompañaran en la procesión. Y después de la procesión, cuando los samios se disponían a celebrar el sacrificio, la mayoría dejó sus armas junto a los altares para dedicarse a las libaciones y plegarias. Pero los de Pantagnosto y Silosonte, que seguían con sus armas, colocándose, hombro con hombro, los iba matando uno tras otro…”

 

 

PRIMERAS REFERENCIA DEL CONTROL DE ARMAS EN ESPAÑA

En el 207 A.C Iberia era el parte del campo de batalla de cartagineses y romanos que se jugaban el destino de sus patrias en la Segunda Guerra Púnica. La Península Ibérica era la principal reserva de refuerzos y plata para Anibal. Son varios los historiadores griegos y romanos que alaban la belicosidad, dureza y capacidad de sufrimiento en el combate de lo que llaman “mercenarios celtíberos”.

 

El historiador romano Apiano relata que la situación pintaba mal para los cartagineses, y en uno de los episodios de lucha un contingente de 6.700 mercenarios íberos y celtíberos al mando del general púnico Hannon quedó cercado en una pelada colina, sin agua ni alimentos, por una poderosa fuerza romana. Siendo tropa dura y leal, los hispanos se decidieron a negociar con los romanos.

 

El general romano Hostilio Mancino, les impuso varias condiciones para dejarles marchar sin castigo alguno: entrega de desertores romanos, prisioneros, entrega de Hannon y finalmente la ENTREGA DE SUS ARMAS. Fue esta última condición la que les indignó y casi gritaron al unísono que NO ENTREGARIAN sus armas. Les exige lo impensable, que le entreguen las armas que les identifica como guerreros y hombres libres. A continuación se produjo una cruenta, feroz y dura batalla en la que la mitad de los celtíberos cayó y la otra mitad logró ponerse a salvo.

 

En otro episodio el historiador Diodoro de Sicilia cuenta como en el año 149/139 A.C. el general Romano Pompeyo consiguió un principio de acuerdo de paz con los Celtíberos. Los romanos exigieron rehenes, caballos, mantos de lana, pieles de buey y LA ENTREGA DE LAS ARMAS:

 

“Fijado un día a las ciudades para cumplir estas condiciones, entregaron puntualmente lo que se les exigía. Pero cuando se vino a la entrega de las armas, una noble lamentación se levantó y el amor a la libertad encendió las almas de la multitud; unánimemente se lamentaban de que fuesen despojados, como mujeres, de sus armas (…). Y renaciendo en ellos el antiguo ardor, se negaron a entregar las armas y reemprendieron la guerra contra los romanos.

 

Tito Livio, otro historiador romano, mencionó ese espíritu de los HISPANOS. Cuando el cónsul Catón alarmado por la rebelión de los Bergistanos (Íberos del alto Llobregat), trató de DESARMAR a los hispanos al norte del Ebro, se encontró con una reacción ya sorprendente para la mentalidad de un romano del siglo II A.C., aunque posiblemente no lo hubiese sido para un patricio dos o tres siglos antes:

 

Este hecho les resultó tan intolerable a los Bergistanos que muchos se quitaron la vida ellos mismos, pues aquel pueblo indómito estaba convencido que la vida sin armas no es tal. Cuando se informó de esto, el cónsul convocó a todos los senadores de todas las ciudades y les dijo: El no rebelaros va en interés vuestro como el nuestro (…). La única manera de evitar que ello ocurra es, a mi juicio, conseguir que no sea posible rebelaros. Yo quiero conseguirlo por el procedimiento más suave. Ayudadme vosotros también en este empeño con vuestros consejos”.

 

Parece que el cónsul se daba cuenta de que la medida de retirar las armas provocaba más resentimiento que resultados eficaces. Otras muchas fuentes reflejan esta íntima relación entre los guerreros hispanos y sus armas Tal vez la mejor definición referida a los mismos, la escribiera Justino (historiador romano) en su resumen de la obra de Trogo Pompeyo (otro historiador): “los caballos y las armas les eran más queridos que su propia sangre”.

 

 

CONCLUSIÓN

Nuestro país ha sido amante del binomio ARMAS Y LIBERTAD desde tiempos inmemoriales, nuestros antepasados siempre tuvieron claro que un hombre libre es aquel que no puede ser subyugado o sometido por la fuerza si tiene oportunidad de defenderse.

 

Los tiempos cambian, pero la lucha permanente entre individuo libre armado y estado, es una constante

 

Queda claro que cuanto más tiránico es un gobierno o estado, más necesidad de controlar y confiscar las armas de sus ciudadanos tiene. Para ello se servirá de todo tipo de MENTIRAS y ESTRATAGEMAS, aducirá paz, menos criminalidad, bienestar, control del tráfico ilícito, etc. pero su objetivo será siempre tener a sus ciudadanos controlados y desarmados.

 

Volviendo a nuestros días, el penúltimo episodio LIBERTICIDA del control de armas, lo protagoniza el llamado Estado Islámico (EI). Su primera acción al entrar en una ciudad es requisar TODAS las armas en manos de civiles, para garantizar la PAZ y el bienestar de los residentes. Una vez entregadas, los terroristas pasan casa por casa exterminando a aquellos ciudadanos que consideran oportuno, mediante las más terribles torturas.

 

Desde ANARMA seguiremos luchando por mantener ciudadanos honrados armados, como garantía de una sociedad libre.

 

 

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