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Dado que la mayoría de ustedes conoce los trágicos sucesos de Virginia Tech (matanza de civiles) dejaremos el relato de los hechos para el final, y colocaremos las dos posturas enfrentadas al principio. Lógicamente (aunque con reservas) como Asociación Nacional del Arma, estamos de parte de Dave Kopel, que suele hablar desde el más crudo realismo y siempre con una gran coraza de razón. Y usted ¿de parte de quien está? Aporte su opinión al final del artículo.
Ladd Everittportavoz de la coalición To Stop Gun Violence: “Un delincuente puede comprar las armas que quiera” “Este ha sido el peor tiroteo masivo en la historia de Estados Unidos. Es sin duda el momento de abrir el debate sobre la proliferación de las armas en nuestra sociedad y sobre lo que debemos hacer para garantizar la seguridad pública de los ciudadanos, que es un derecho básico. Al lobby de las armas le gusta hablar de la libertad de portar armas y de la segunda enmienda [de la Constitución], pero la gente también tiene el derecho de sentirse segura en sus comunidades, tienen el derecho a la seguridad pública. Después de la matanza en la escuela amish, el año pasado, el Presidente Bush convocó una conferencia y confiamos en que habría una seria discusión sobre la política de armas en este país, pero no se hizo nada. Después de Columbine, Colorado y otros estados acabaron con el resquicio legal que permitía comprar armas sin control, pero no hubo una ley a escala federal, lo que hubiera sido un enorme progreso. Virginia es uno de los 33 estados que todavía tienen ese resquicio legal. Un delincuente convicto an puede ir a una feria de armas en Virginia y comprar lo que quiera, sin que se comprueben sus antecedentes”.
Dave Köpelexperto en derecho sobre armas de fuego: “Responder con más controles crearía más peligro"
“En la mayoría de los estados norteamericanos, incluido el de Virginia, un adulto que aprueba un examen policial puede obtener un permiso para llevar un arma para su protección personal, pero hay un problema con esta ley, porque con frecuencia hay excepciones para escuelas y universidades. Lo que hemos visto en EEUU es que casi todos estos asesinatos múltiples se producen en lugares donde la gente no puede llevar armas para protegerse. Estas leyes deberían cambiarse para que no creemos áreas seguras para criminales. La policía no puede estar de inmediato en todas partes. El problema en Virginia Tech fue, pues, un exceso de control de armas y no al contrario. Colombia y Brasil tienen leyes muy estrictas y hay una criminalidad tremenda. Como ocurre conlas drogas, hay un mercado negro que siempre puede proporcionar armas a los criminales. No es justo que sólo los criminales tengan armas. La gente debe poder protegerse de los criminales, ya que el Estado no es omnipotente y no puede proteger siempre. Responder con más controles a lo sucedido ahora sería una respuesta emocional, pero no lógica, y crearía más peligro”. Y una vez expuestas ambas posturas, el artículo que dá inicio al debate: Una tragedia americana El drama de Virginia Tech encona el debate entre partidarios y detractores de limitar el derecho a portar armas. La Asociación Nacional del Rifle no es un tenebroso lobby que oculte su presencia. Eusebio Val
Washington.-Cuando se sale de Washington hacia Virginia, por la autopista interestatal 66 en dirección a los Apalaches, sobresale su sede central, un edificio blanco y azul, con las siglas NRA en la fachada. Un museo gratuito sirve de anzuelo para este club de amigos de las armas de fuego, fundado en 1871, que posee más de cuatro millones de afiliados y un enorme poder político.
Los portavoces de la NRA fueron muy cautos esta semana y se limitaron a expresar las condolencias a las familias de las víctimas de la matanza de Blacksburg. “No haremos más comentarios hasta que todos los hechos se conozcan”, dijeron, en un intento por no entrar todavía en el debate nacional entre partidarios y detractores de limitar el derecho a portar armas.
Es inevitable, sin embargo, que el drama encone la discusión. Igual que sucede con la Biblia, la Constitución de Estados Unidos es objeto de una fe que, para algunos, no admite compromisos y que se basa en una lectura literal. “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas”, afirma la segunda enmienda, ratificada el 15 de diciembre de 1791 junto al resto de Bill of Rights (las 10 primeras enmiendas que garantizan los derechos fundamentales).
Las reacciones oscilaron entre la prudencia y la toma clara de partido. Puede ser llamativo para un observador extranjero que los dos senadores por Virginia, el republicano John Warner y el demócrata Jim Webb, no mencionaran ni una sola vez el problema de las armas de fuego en sus declaraciones sobre la matanza. Webb, por cierto, es un firme partidario de portar armas. Uno de sus colaboradores fue detenido recientemente por entrar en el Congreso con una pistola de su jefe.
AUTODEFENSA Y PELIGRO
Hubo activistas de uno y otro bando que sí se mojaron. En su editorial, “The New York Times” afirmó que la simpatía hacia las víctimas “no es suficiente”. “Lo que se necesita, de manera urgente, son controles más estrictos sobre armas letales que causan carnicerías innecesarias y unas pérdidas tan intolerables”, escribió el diario.
El director del Violence Policy Center, Josh Sugarmann, empleó términos dramáticos cuando afirmó: “Los tiroteos masivos están definiendo nuestra nación”. “Estas tragedias son un resultado inevitable de la facilidad con que puede obtenerse la potencia de fuego necesaria para masacrar a decenas de inocentes. Estamos permitiendo que las personas tengan los medios para convertir cualquier instalación en un campo de batalla”, añadió.
En el terreno opuesto, los defensores acérrimos de la segunda enmienda sostuvieron que el problema son las limitaciones de los ciudadanos para defenderse. “¿Cuándo aprenderemos que estar indefenso es una mala defensa?”, argumentó Larry Pratt, director ejecutivo de Gun Owners of America, una asociación de propietarios de armas. Pratt y otros piensan que la prohibición de portar armas al personal de centros educativos los hace mucho más vulnerables a la acción de dementes asesinos.
Estas posiciones extremas e irreconciliables cierran un círculo. Todo vuelve a la interpretación de la segunda enmienda constitucional, a cómo combinar la tradición de autodefensa de un pueblo marcado por el espíritu pionero, por los grandes espacios y por la caza, con los peligros de patologías individuales o colectivas. No parece que los políticos tengan una solución fácil al dilema.
La Vanguardia (The New York Times Syndicate) |